Tres pastillas por arriba y tres pastillas por abajo

Tres pastillas por arriba y tres pastillas por abajo

Era 2004 cuando Alejandra conoció a Jorge. Ella de cabellos largos, estudiante de danza contemporánea, y dos carreras profesionales: administración y contabilidad. Siempre destacada por sus notas académicas, una chica muy entregada, sonriente y amable. Él, un chico alto, moreno y sociable.

No fue sino hasta el tercer semestre de ese año, en agosto, bajo el mes más caluroso que se tuvo en la región, cuando a Alejandra la invitaron a una fiesta donde lo conoció. Primero hubo un coqueteo, luego una amistad que dejó paso  las relaciones sexuales y luego fueron novios. La relación llegó a seis meses de alegrías y cariños hasta que Alejandra le dijo a Jorge que estaba embarazada.

Jorge nunca quiso perder ni sus tardes de rodar con su patineta en plazas públicas, ni terminar como padre joven, así que ese día que Alejandra le informó del embarazo se perdió por días. Ella lo llamaba desesperada con la fe de que pudiera salir de la situación. Pero no fue después de una semana que Jorge le contestó el teléfono para decirle “Pues vé que vas a hacer tú”.

Alejandra no creía lo que estaba escuchando y a Jorge no le importaba lo que estaba ocurriendo. Ella lloraba, se sentía abandonada, no podía decirle a su madre lo que le ocurría, tenía miedo. Una de las chicas se encargó de llamar a Jorge para que ayudara económica y emocionalmente y la otra chica se dispuso a conseguir los medios y las formas de abortar ¿Cuáles serían las alternativas? ¿Cómo abortan las mujeres?

Alejandra no creía lo que estaba escuchando y a Jorge no le importaba lo que estaba ocurriendo.

Jorge no apareció nunca y no volvió a contestar el teléfono, sencillamente lo apagó. De hecho una de las amigas de Alejandra fue a buscarlo donde vivía y su mamá le dijo que se había ido de viaje fuera del estado. El chamo había marcado la milla, y a Alejandra le tocó lidiar sola con la situación. Fue una odisea buscar cómo aplicarse un aborto, las tres estudiantes no cubrían con el dinero para que Alejandra fuera a esa clínica clandestina que les dijeron. Entre buscar a Jorge y preguntar sobre cómo se aplicaba un aborto, sólo llegaron a recolectar lo suficiente para comprar seis pastillas para interrumpir el embarazo que ya había pasado de 12 semanas de gestación.

Esa noche Alejandra le dijo a su mamá que tenía parciales y que se iba a quedar en la casa de su amiga para estudiar, que vivía sola, en un cuarto alquilado en una residencia estudiantil. Alejandra se colocó tres pastillas en la boca y tres pastillas por vía intravaginal, asustada porque las recomendaciones indicaban usar una dosis más alta del fármaco. Esa noche sólo tuvo dolor del vientre, como si le fuese a venir la menstruación. Al otro día seguía con el dolor pero no bajaba nada. Así que se fue para su casa.

Tres pastillas por arriba y tres pastillas por abajo

En la noche siguiente los dolores se habían intensificado, y al segundo día se volvieron más fuertes, pero su cuerpo no expulsaba nada, y al tercer día parecía estar enferma y con fiebre. Alejandra llamó a sus dos amigas y una fue a auxiliarla. Le decía que tenía dolores fuertes, y que expulsaba un olor maloliente por la vagina.

Fueron a la emergencia médica más cercana. Desde allí llamaron a la mamá de Alejandra para decirle que su hija había entrado en emergencia, su mamá salía muy temprano a trabajar y regresaba muy tarde a la casa. Ese día Alejandra pedía tres tipos de auxilio: uno, que su amiga no le contara a su mamá lo sucedido porque la señora iba a colapsar, la segunda petición fue que el médico no le informara a su mamá cuando llegara de lo que estaba sucediendo.

En un principio el doctor se negó, pero Alejandra le suplicó silencio

En un principio el doctor se negó, pero Alejandra le suplicó silencio mientras le explicaba la situación, el dolor que estaba sintiendo, y el miedo a que su madre la echara de la casa, así que el doctor terminó sin decirle ni si pero tampoco no. El tercer auxilio que Alejandra pedía casi a gritos era que le quitaran los dolores tan intensos, mientras su fiebre pasaba los 40 grados centígrados, tenía una fuerte infección.

Para cuando la madre de Alejandra entró en emergencia a Alejandra ya le habían hecho una aspiración, un curetaje, tenía suero por la vena, y un antibiótico para la infección. El doctor se reunió con la mamá de Alejandra a solas, mientras que su amiga, que estaba en la sala de espera, se comía las uñas por saber qué hablaban. Mientras tanto, en una camilla yacía Alejandra que lloraba por todo lo sucedido. Se ponía la manos en el vientre, algo se había quedado entre sus  lágrimas y la camilla de ese lugar.

Cuando la mamá de Alejandra salió del consultorio,  se la llevó a la casa y nunca  habló de lo sucedido. Alejandra y su amiga pensaron que el doctor hizo un voto de confidencialidad o que el doctor convenció a la madre de comprender lo sucedido. Nunca se sabrá si aquel profesional guardó la confidencialidad debido al tema de llenar todos los protocolos que se piden en Venezuela cuando las mujeres se han aplicado un aborto o si de verdad respondió al auxilio de Alejandra que muerta de miedo no quería ser juzgada por la moral de su madre católica o por ser señalada por toda una familia y parientes.

Tres pastillas por arriba y tres pastillas por abajo

Nota al pie:

Este es un hecho real. Se han cambiado los nombres aquí mencionados, así como las fechas por la estricta confianza con la que se narró este relato y por la red de apoyo y protocolos que cuentan las feministas que luchan por la despenalización del aborto en el país.

Asimismo queremos destacar que existen bajas complicaciones al interrumpir un embarazo con la píldora abortiva, aunque existe un margen de riesgos cuando el protocolo no se aplica adecuadamente, entre ellos:

  • Que queden restos de tejido del embarazo en el útero.
  • Infección.
  • Reacciones alérgicas.

Destacado sobre la despenalización del aborto en Venezuela:

Venezuela cuenta con una de las causalidades más estrictas en materia de aborto de toda Latinoamérica, pues sólo es permitido si la gestante corre riesgo de muerte (1). Por lo tanto aplicarse un aborto en nuestro país es un delito contemplado dentro del código penal con pena de seis meses a dos años de cárcel. Sin embargo, las mujeres siguen interrumpiendo sus embarazos y en algunos casos no son de manera segura y son clandestinos. Según datos no oficiales estos casos son las causas del 13% de la mortalidad materna y desde hace un año ha ascendido sobre el 60% (2). Por lo tanto, los movimientos y organizaciones feministas han solicitado a la Asamblea Nacional Constituyente la modificación del artículo 76 de la Constitución con la finalidad que se “garantice asistencia y protección integral a la maternidad voluntaria tanto para la continuación como para la interrupción del embarazo” y que se exprese abiertamente la laicidad del Estado en el artículo 59 con el fin de mejorar el texto constitucional aclarando los términos para la legalización del aborto.

Tres pastillas por arriba y tres pastillas por abajo

Fuente de consulta:

(1) León, M. (2012) Temas centrales en el debate sobre el aborto en Venezuela y argumentos teóricos para su despenalización. Universidad Central de Venezuela (Tesis en Maestría Estudios de la Mujer)

(2) Rojas, O. (2018) Debate: Aborto legal en Venezuela ¿Sí o No? Nota de prensa Panorama.


Texto: Tibisay Mendoza
Ilustraciones: Deisa Tremarías
Correcciones: Sahili Franco


Las opiniones expresadas por las y los autores no necesariamente coinciden con las de la totalidad de la Comunidad Utopix.

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