Adriana Guzmán Arroyo

Descolonizar el feminismo es volver a mirar al patriarcado en su complejidad, como el sistema de todas las opresiones; no es un sistema más, es el sistema que oprime a la humanidad y a la naturaleza, construido históricamente y todos los días sobre el cuerpo de las mujeres.

Hija de Amparo, nieta de Teresa y Elena, creadora de Diana y Julia. Aymara, lesbiana e insumisa, Adriana Guzmán Arroyo se ha convertido en referente de un movimiento feminista que se parece a las mujeres y los pueblos de Abya Ayala. 

En resistencia contra la opresión del patriarcado, denuncia las hipocresías y contradicciones de un sistema profundamente injusto y violento hacia la naturaleza y las mayorías explotadas, empobrecidas y discriminadas, en particular las mujeres.

Adriana nació en La Paz, Bolivia, donde estudió Ciencias de la Educación en la Universidad Mayor de San Andrés. Su larga trayectoria como educadora popular ha sido una herramienta al servicio de su lucha persistente por la transformación social.

En el año 2003, participó en las organizaciones de mujeres en El Alto y La Paz que enfrentaron la Masacre del Gas. Pronto se sumó a la Asamblea Feminista (que en 2007 se convertiría en la Asamblea del Feminismo Comunitario) aportando las bases –junto a otras compañeras– para la construcción de este movimiento. Se desempeñó como Vocera Ejecutiva Nacional del Feminismo Comunitario en Bolivia.

Guzmán escribe y colabora en diversas publicaciones. Es autora del libro “Descolonizar la memoria, descolonizar el feminismo” y coautora del libro “El Tejido de la Rebeldía ¿Qué es el Feminismo Comunitario? Bases para la Despatriarcalización”.

Feminismo comunitario antipatriarcal

Primero nos hicimos feministas. Luego comunitarias. Y luego nos dimos cuenta que la comunidad también puede ser patriarcal. Por eso nos llamamos así.

A partir del año 2003 inició en Bolivia un proceso de cambio político, producto de las luchas de los pueblos originarios campesinos y de las organizaciones sociales. Este proceso ha ocasionado un gran enfrentamiento en el campo de batalla ideológico.

En ese contexto, nació el feminismo comunitario –hoy también antipatriarcal–, que propone la comunidad como forma de vida, de relacionamiento entre las personas y con la naturaleza. Es una herramienta de auto-organización política, económica y territorial; un método de trabajo y articulación para la transformación de las realidades concretas.

El feminismo comunitario antipatriarcal (FCA) plantea redefinir las luchas de los pueblos y las organizaciones sociales frente al sistema patriarcal, entendido en su complejidad racista, machista, colonial, capitalista, neoliberal y transnacional, para desmontarlo.

Varios desafíos se presentan para este movimiento. Uno de ellos pasa por descolonizar el feminismo; superar los sentidos, categorías y significados del pensamiento feminista eurocéntrico, que resulta insuficiente para las necesidades de las mujeres y los pueblos de esta parte del mundo.

Descolonizar el feminismo es dejar de pensar desde la dicotomía del colonizador y el colonizado, es dejar de asumir el tiempo como lineal y el pensamiento como superador de las luchas, la clase como explicación suficiente y la posmodernidad como proyecto político.

Otro reto es el de trascender las formas sectarias y fragmentadas de lucha que han impedido la conjunción efectiva de fuerzas para una auténtica revolución feminista. Se trata de construir un feminismo que genere encuentros desde los cuerpos plurales para trascender la mirada teórica y el discurso. Uno que, desde la memoria larga de los pueblos originarios, sea útil para las luchas de hoy por la descolonización y la despatriarcalización.

El FCA propone un modelo económico que no reproduzca la explotación de las personas ni de la naturaleza; que reconozca y valore el trabajo impago de las mujeres en el hogar como la base del capitalismo. 

Todo esto pasa también por replantear el debate sobre el aborto, en el marco de la autonomía y la descolonización del cuerpo y la sexualidad; retomar la crianza comunitaria como forma de desmontar la maternidad en soledad y esclavitud.

Feminismo, tierra y Pachamama

Desde el feminismo comunitario, entendemos a la Pachamama, a la Mapu, como un todo que va más allá de la naturaleza visible, que va más allá de los planetas, que contiene a la vida misma, las relaciones establecidas entre los seres con vida, sus energías, sus necesidades y sus deseos.

Las feministas comunitarias no están de acuerdo con la propiedad de la tierra, porque esta, al ser parte de la Pachamama, no debe ser objeto de apropiación. No pierden de vista, sin embargo, la importancia del acceso y la gestión de la tierra, temas centrales de sus inquietudes y debates.

En vista del despojo que históricamente han sufrido las mujeres en este sentido, el movimiento cuestiona el concepto de Pachamama únicamente entendida como Madre Tierra. Esta visión reduce a la Pachamama a su función productiva y reproductiva –como lo hace con las mujeres–, al servicio del patriarcado y de los conceptos capitalistas neoliberales de desarrollo y consumo.

En su lugar, el feminismo comunitario concibe a la Pachamama como un todo que es principio de vida, y del cual la humanidad es sólo una pequeña parte. La tierra es madre, hermana, hija, abuela; por ello la idea de su apropiación es inconcebible.

Si bien la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia reconoce la titularidad de la tierra a las mujeres, esto no garantiza el acceso a la misma. En la práctica siguen siendo los hombres quienes toman las decisiones sobre qué y cómo producir. De esta manera se reproduce la dominación y la subalternidad patriarcal.

La derrota de un golpe contra el pueblo

Aquí hemos tenido un anarquismo de construcción propia; por ejemplo, cuando en los [años] 30 las mujeres estaban discutiendo el voto universal, las bolivianas, nuestras abuelas organizadas en los mercados, dijeron: Nosotras no queremos el voto, no nos importa el Estado.

Las feministas comunitarias no creen en el Estado. Consideran que es una estructura patriarcal por definición, aún cuando algunos líderes se declaren feministas o los gobiernos aprueben leyes en defensa de los derechos de las mujeres.

Sin embargo, esta postura no implica indiferencia ante eventos como el golpe de Estado de noviembre de 2019. Adriana Guzmán Arroyo inmediatamente denunció lo que ocurría en su país: “Este golpe no es solamente al Estado. Es un golpe a los pueblos. No están peleando por la silla presidencial. Es por nuestra dignidad”.

Las feministas comunitarias reconocen los avances que tuvieron lugar durante los gobiernos de Evo Morales, siempre manteniendo una postura crítica, al señalar por ejemplo, los privilegios a terratenientes o las concesiones a transnacionales. Aún así, nunca antes un líder había tenido rostro de pueblo. “No le perdonan [a Evo] que sea indio”, afirmó Adriana.

En ese sentido, la activista no tiene dudas sobre la importancia de la victoria aplastante de Luis Arce y del MAS en las elecciones presidenciales del pasado 18 de octubre.

El resultado representa el triunfo del pueblo, ese voto contundente desde las polleras, desde la whipala, desde la dignidad frente a un golpe que ha sido fascista, racista.

Adriana Guzmán sostiene que el MAS debe ser un instrumento que canalice la agenda de los movimientos sociales para “gobernar obedeciendo”, además de revertir las políticas ruinosas del último año. Asimismo, insiste en que los crímenes de la ex-presidenta de facto, Jeanine Áñez y otros líderes de la extrema derecha como Luis Fernando Camacho, no pueden quedar impunes.

Aunque la derecha golpista haya sido derrotada, su ofensiva no se va a detener. Sin embargo, como señala Adriana, “los pueblos originarios indígenas están dispuestos a defender y profundizar el proceso de cambio. No vamos a dar paso a los racistas ni a los fascistas”.

En esta lucha tendrá su papel el FCA, que a lo largo de los años ha ido creciendo y tejiendo alianzas con otras organizaciones. “Sin warmi kuti no hay pacha kuti” (“Sin el retorno de las mujeres, no llegará el tiempo de los pueblos”).

Investigación y textos: América Rodríguez. Ilustraciones: Metmarfil

Compartir


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.