Rosa Luxemburgo, o el internacionalismo contra la guerra

Este 5 de marzo celebramos los 150 años del nacimiento de Rosa Luxemburgo, figura central de la izquierda revolucionaria europea de principios del siglo XX. Tenaz militante, fue asesinada en 1919 y dejó un legado que más adelante fue reivindicado tanto por los comunistas como por la izquierda reformista. Las numerosas publicaciones de sus cartas desde la cárcel también contribuyeron a convertirla en un icono del romanticismo revolucionario, suavizando así un poco el filo de una vida de batallas. Entre estas últimas, su oposición a la guerra de 1914-1918 es fundamental para entender por qué su pensamiento sigue siendo de gran pertinencia hoy en día.

Para ello, hay que considerar la magnitud del cataclismo que produjeron las diversas aprobaciones de créditos para la guerra de los partidos socialdemócratas en agosto de 1914. Organizados desde 1889 en el seno de la Internacional Obrera, estos partidos se habían posicionado durante varios años en contra de la guerra y del imperialismo, por considerar que sólo se trataba de rivalidades entre burguesías nacionales, en las que los trabajadores no debían participar bajo ningún concepto. Sin embargo, cuando el conflicto era inminente, la mayoría de ellos se fundieron en la “sagrada unión” nacional y se pusieron del lado de sus respectivas burguesías. El SPD [Partido Socialdemócrata de Alemania], el partido obrero más grande del mundo en aquella época y el primero de Alemania en términos de miembros y diputados al Reichstag, también traicionó décadas de compromiso internacionalista.

Miembro de este partido desde finales del siglo XIX, Rosa Luxemburgo ya se había hecho notar dentro del mismo por su desprecio hacia algunos de sus dirigentes, por haber abandonado toda inclinación revolucionaria. Sucede que el SPD, por su tamaño, se convirtió en la década de 1910 en una especie de sociedad paralela que daba sustento a cientos de miembros permanentes, periodistas, formadores, etc… Esta compleja organización se convirtió en su fuerza y en un modelo para muchos revolucionarios de todo el mundo, pero también contribuyó a empañar su radicalidad en la medida en que muchos de sus dirigentes se acomodaron desde entonces en el statu quo. Rosa Luxemburgo se encontró así en una posición de desventaja en el seno del partido, sobre todo después de haberse enemistado con la mayoría de sus grandes figuras, entre ellos Bebel y Kautsky.

La traición del 4 de agosto de 1914, cuando el Reichstag aprobó los créditos de guerra por unanimidad, no fue más que una sorpresa a medias para ella. Gran opositora a la guerra y al militarismo durante muchos años, fue condenada a prisión en febrero de 1914 por un discurso en el que llamaba a la desobediencia de los soldados. Pasó la mayor parte de la guerra en la cárcel, mientras intentaba organizar desde su celda las voces discordantes, que eran cada vez más numerosas dentro del SPD, a medida que la guerra se estancaba. Los elementos de izquierda del partido no tardaron en formar colectivos de manera clandestina, una posición pacifista en tiempos de guerra que entonces estaba penada por la ley. Pronto se dieron a conocer como la “Liga Espartaquista”, nombre con el que firmaban la mayoría de sus publicaciones anónimas, y que formaría el núcleo del Partido Comunista Alemán unos años más tarde.

Sin embargo, Rosa Luxemburgo y sus partidarios se mantuvieron fieles al SPD hasta bastante avanzada la guerra. Ello se explica por la importancia que este daba a la acción de masas, tanto en su pensamiento como en sus acciones. Era mejor luchar en el seno del partido obrero por excelencia, aunque su dirección estuviera corrompida hasta la médula, porque sólo desde esa estructura era posible dirigirse a las masas, y sólo las masas son, en última instancia, los verdaderos agentes del cambio. Como ella lo decía: “Tirar el carnet del partido con la ilusión de liberarse, es sólo la imagen inversa de la ilusión de que el carnet del partido es en sí mismo un instrumento de poder”.

A través de su acción decididamente internacionalista, Rosa Luxemburgo contribuyó a infundir una nueva dinámica en el movimiento obrero de su época, en compañía de camaradas que, en todos los países, tenían una clara comprensión de quiénes se beneficiaban de la masacre de millones de jóvenes en los campos de batalla. Su compañero de armas Karl Liebknecht, asesinado el mismo día que ella, no decía otra cosa cuando proclamó que para cada uno, el principal enemigo estaba en su propio país. Por su parte, Lenin, con quien Luxemburgo tuvo una correspondencia enérgica pero siempre cordial, supo aprovechar la oportunidad para “transformar la guerra imperialista en una guerra civil”. 

En la actualidad, el movimiento internacionalista por la paz no es más que una sombra de lo que fue, tras su fracaso a la hora de impedir diversas intervenciones armadas y otras guerras imperialistas por encargo. Los desastres humanitarios se suceden unos a otros y los pueblos brindan. El aniversario del nacimiento de Rosa Luxemburgo debería ser una oportunidad para recapacitar y reflexionar sobre los fundamentos de un nuevo movimiento internacionalista por la paz. Después de todo, ya en 1914 la guerra fue vendida a los socialistas alemanes como una intervención democrática contra el régimen autocrático del zar. Luxemburgo y su gente eran menos ingenuos…

L’Atelier – Histoire en mouvement (Atelier-Historia en movimiento) es una organización que milita para salvaguardar y difundir la memoria de las luchas por la emancipación de la clase obrera, de las mujeres y de los pueblos oprimidos. La creación del Atelier nace de la voluntad de desarrollar un enfoque diferente al propuesto por la historiografía dominante, para que las rebeliones de las y los oprimidos de ayer sigan viviendo en la memoria de las rebeliones de hoy en día, y para que el camino recorrido por estas luchas trace la senda hacia la emancipación de mañana.

Ilustraciones: Metmarfil. Traducción: América Rodríguez

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1 comentario en «Rosa Luxemburgo, o el internacionalismo contra la guerra»

  1. Es admirable la valentía y fortaleza de su genuina convicción, en tiempos dónde la mujer era muy marginada y poco escuchada. Respeto esa manera de ser así no comparta totalmente sus enunciados. Mujeres como ella eneltecen la dignidad femenina. Hay historias familiares que dan certeza a lo que digo, en la persona de Tibaire Guevara, una luchadora social un corruptible, fiel y consecuente a sus postulados.

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