La Conferencia Tricontinental: el derecho a nuestra historia

La Habana, enero de 1966. La capital cubana recibe 500 delegados de 82 países para la “Conferencia de solidaridad de los pueblos de Asia, África y América Latina”, más conocida como la Conferencia Tricontinental.

El evento de 12 días recibió 28 delegaciones africanas, 27 asiáticas y 27 latinoamericanas. Los principales movimientos de liberación nacional de estas regiones estaban representados, del Congreso Nacional Africano (ANC, Sudáfrica) a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) al Frente de Liberación Nacional venezolano. También presentes estaban delegaciones de gobiernos como China y la Unión Soviética, a pesar de las tensiones sino-soviéticas de la época.

La Tricontinental no fue la primera iniciativa de esta naturaleza. En 1955, varios líderes mundiales se reunieron en la Conferencia de Bandung, que dio origen al Movimiento de los Países No-Alineados. Sin embargo, fue una iniciativa abiertamente revolucionaria, anticolonial y antiimperialista, como no se había visto hasta entonces.

“Los pueblos de los tres continentes, decididos a barrer todos los obstáculos de su camino y a luchar indoblegablemente por una nueva Asia, una nueva África y una nueva América Latina, emancipadas definitivamente del imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo, se juntarán en apretado haz hasta obtener la victoria total y definitiva”, decía la resolución final adoptada por la conferencia. [1]

Uniendo corrientes

A mediados de los años 60 la lucha anti-colonial y anti-imperialista tenía campos de batalla por doquier. El mundo estaba sumergido en la Guerra Fría, con dos bloques antagonistas que, de forma más o menos activa, tomaban bandos opuestos en todos los conflictos.

En África muchos países daban sus primeros pasos independientes, mientras que en territorios como Guinea-Bissau o Rhodesia/Zimbabwe, algunos movimientos de liberación seguían en la guerrilla anticolonial. China avanzaba contra los enemigos internos y externos. En América Latina, la Revolución Cubana abría camino a una serie de luchas, mientras Washington trataba de neutralizar una afrenta inaceptable y el riesgo de contagio en su “patio trasero”. 

Pero no todo eran avances. En Medio Oriente, por ejemplo, proseguía la ocupación de Palestina. Del mismo modo, la contraofensiva de EEUU y sus aliados contrarrevolucionarios nunca se hizo esperar. Varios gobiernos progresistas y nacionalistas vieron sus aspiraciones destruidas en golpes de Estado orquestados por la CIA. Algunos ejemplos fueron Irán (1953), Guatemala (1954), Congo (1960) e Indonesia (1965).

Sin embargo, el epicentro de la resistencia antiimperialista en ese momento era la Guerra en Vietnam. La intervención directa y masiva de EEUU generó un rechazo unánime en todo el mundo.

Fue en este contexto que varios líderes plantearon la necesidad de entender los diferentes focos como frentes de una misma lucha para así articular la solidaridad. Y entre ellos se destacó uno: Mehdi Ben Barka.

“No hay fuerza más grande que la de los pueblos cuando deciden ser libres e independientes y conquistar la paz. Pueblos de África, Asia y América Latina: ¡avancen en su lucha hasta la batalla decisiva contra el imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo!” exclamó el revolucionario marroquí. [2]

Líder de la Unión Nacional de Fuerzas Populares marroquí, Ben Barka fue incansable en unir esfuerzos entre gobiernos progresistas/revolucionarios y movimientos de liberación, afirmando que la Conferencia Tricontinental sería el encuentro “de dos grandes corrientes contemporáneas de la revolución mundial: la que surgió con la Revolución de Octubre y la de liberación nacional.” [2]

Pero Ben Barka no llegaría a asumir su puesto de secretario de la conferencia. Una figura cada vez más incómoda para la monarquía de su país y para las potencias imperialistas, el intelectual marroquí fue desaparecido en Paris el 29 de octubre de 1965, en un caso que sigue abierto en la justicia francesa.

La conferencia contó con la participación de varias figuras de renombre. Una de ellas fue Amílcar Cabral, líder histórico del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC) y de la lucha de liberación en Guinea-Bissau. En su intervención, Cabral juntó un balance de las batallas por la independencia con apuntes teóricos sobre las sociedades colonizadas. Expresó que el análisis riguroso y una orientación ideológica clara eran claves para los movimientos de emancipación.

“Se suele decir que la liberación nacional se fundamenta en el derecho de los pueblos de disponer libremente de su destino, y que el objetivo es la independencia nacional. […] Para nosotros, el fundamento de la liberación nacional reside en el derecho inalienable de cada pueblo de tener su propia historia”, señaló. [3]

El intelectual panafricanista cerró rindiendo tributo al “heróico pueblo de Vietnam”, añadiendo que la mejor forma de ser solidarios sería que cada delegación regresara a su país para profundizar la lucha.

La figura que mejor representa el espíritu de la Tricontinental es quizás Ernesto “Che” Guevara. El Che fue también decisivo en la organización de la conferencia, al mismo tiempo que era la cara más visible de la solidaridad internacional que la Revolución Cubana puso en práctica desde el primer momento.

Sin embargo, el “guerrillero heróico” no estuvo presente en el evento, ya que en ese momento se preparaba a todo vapor la campaña en Bolivia. Aún así, es del Che el eslogan que más se asocia con la Conferencia Tricontinental y que recoge su esencia (énfasis añadido).

“¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo […]!” [4]

La cita célebre del Che, publicada en la Revista Tricontinental en 1967, no era una defensa de la guerra, ni menos un intento de trivializar la resistencia de Vietnam. Al contrario, era más bien un llamado a crear más y más focos para dispersar y desgastar las fuerzas imperialistas.

Solidaridad internacional, ayer y hoy

“Esta conferencia ocupará incuestionablemente un lugar en la historia de la lucha de los pueblos por su liberación”. Así dijo Fidel Castro en su discurso de clausura. “Hemos visto cómo crece la fuerza del movimiento revolucionario a escala mundial […]. A pesar del poderío imperialista, será incuestionablemente mucho más poderosa la fuerza unida de los pueblos revolucionarios.” [5]

De la conferencia surgió la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL) y, en línea con las palabras premonitorias de Fidel, un renovado ímpetu contra los regímenes (neo)coloniales, desde la independencia de las últimas colonias africanas, al derrumbe de dictaduras en Latinoamérica y, principalmente, la victoria del Viet Cong en la Guerra de Vietnam.

La lucha y la solidaridad se extendieron también al Norte Global. En EEUU, por ejemplo, surgieron las Panteras Negras y un poderosísimo movimiento antiguerra que fue también decisivo para el fin del conflicto.

La elección de Cuba para recibir la conferencia, y más tarde como sede de la OSPAAAL, no fue unánime. Pero ningún pueblo ha practicado el internacionalismo de forma tan ejemplar. Para mencionar apenas un ejemplo, Cuba se desplegó en Angola cuando los movimientos patrocinados por EEUU y Sudáfrica amenazaban su independencia. La resistencia y posterior contraofensiva de las fuerzas cubanas y angoleñas fueron el golpe decisivo contra el apartheid sudafricano.

La reacción de Washington y sus aliados fue también enérgica, redoblando los esfuerzos para mantener el control geoestratégico. En consecuencia, golpes de Estado auspiciados por la CIA en países como Chile (1973), Granada (1983) o Burkina Faso (1987) dieron lugar a dictaduras sangrientas para detener la pérdida de hegemonía de Occidente.

Sin embargo, la Conferencia Tricontinental se mantuvo como un hito, un sismo que sigue temblando, una demostración de que la batalla por la verdadera emancipación de los pueblos del mundo es una sola. ¡La lucha sigue!

REFERENCIAS

[1] Declaración General de la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina, 1966.

[2] Bulletin du Comité International Préparatoire de la Première Conférence de Solidarité des Peuples de l’Afrique, l’Asie et l’Amérique Latine, n° 1, 15 octobre 1965.

[3] Amílcar Cabral, “Fundamentos e objectivos da libertação nacional em relação com a estrutura social”, discurso en la Conferencia Tricontinental, enero de 1966.

[4] Che Guevara, “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, suplemento de la Revista Tricontinental, órgano del Secretariado Ejecutivo de la OSPAAAL, 16 de abril de 1967.

[5] Fidel Castro, Discurso en el acto de clausura de la Conferencia Tricontinental, 15 de enero de 1966.

Investigación y textos: Ricardo Vaz. Collages: Luis Cario.

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