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En abril de 1936, el pueblo palestino se alzó masivamente para luchar por la independencia, en medio de una creciente expansión del sionismo y ocupación colonial británica.
La Declaración Balfour de 1917 aceleró la migración coordinada de judíos hacia el Mandato de Palestina, con la plena complicidad de las autoridades coloniales británicas. Empujada cada vez más fuera de sus tierras y explotada en los centros urbanos, mientras veía cómo los asentamientos sionistas crecían sin cesar, la población local estalló.
Durante los tres años siguientes, el pueblo palestino organizó huelgas laborales, protestas políticas y ataques contra las fuerzas coloniales. Hajj Amin al-Husseini, gran muftí de Jerusalén y líder del Comité Superior Árabe, fue una de las principales figuras de la revuelta.
Las fuerzas británicas, aliadas con milicias sionistas paramilitares, respondieron con una represión brutal y operaciones terroristas, a menudo reduciendo pueblos enteros a escombros o confiscando arbitrariamente todas las tierras como castigo colectivo. Los registros históricos indican que más de 5.000 palestinos fueron asesinados y casi 15.000 resultaron heridos.
La Revuelta Árabe finalmente no logró avanzar la causa de la independencia palestina. Se vio empañada por divisiones internas, mientras que los gobernantes de los Estados árabes también hicieron todo lo posible por sofocar la lucha anticolonialista.
La derrota, junto con el exilio de importantes líderes y la creciente influencia de las milicias sionistas, se convertiría en un importante precedente de la Nakba de 1948.

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Texto: Ricardo Vaz. Ilustración: Ignacio Andrés Pardo Vásquez.





