Noam Chomsky sobre el consenso manufacturado

Noam Chomsky (1928-) es una figura ineludible de la izquierda en Estados Unidos a partir de la segunda mitad del siglo XX. Lingüista, historiador, filósofo y activista político, Chomsky ha sido determinante en cuestionar y criticar la política exterior imperialista de Washington. En particular, el intelectual del MIT se dedicó a analizar el papel de los medios al servicio de las clases dominantes. Publicó, junto a Edward Herman, la gran obra Manufacturing Consent (en español Los Guardianes de la Libertad), explicando con rigor la construcción de una narrativa hegemónica favorable a las élites. A continuación, y cuando se celebra el 93 aniversario de Chomsky, publicamos la introducción deManufacturing Consent.

ABRE COMILLAS


Los medios de comunicación de masas actúan como sistema de transmisión de mensajes y símbolos para el ciudadano medio. Su función es la de divertir, entretener e informar, así como inculcar en los individuos los valores, creencias y códigos de comportamiento que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad. En un mundo en el que la riqueza está concentrada y en el que existen grandes conflictos de intereses de clase, el cumplimiento de tal papel requiere una propaganda sistemática.

En los países donde los resortes del poder están en manos de la burocracia estatal – mediante el control monopolístico sobre los medios de comunicación, a menudo complementado por la censura oficial – resulta obvio que dichos medios están al servicio de los fines de una determinada élite. Resulta mucho más difícil advertir la actuación de un sistema propagandístico cuando los medios de comunicación son privados y no existe censura formal; en particular cuando tales medios compiten activamente, atacan y exponen con cierta periodicidad los errores del gobierno y de las corporaciones, y se autocalifican enérgicamente de portavoces de la libertad de expresión y de los intereses generales de la comunidad.

Lo que ya no es tan evidente (y sigue sin discutirse en los medios de comunicación), es la naturaleza limitada de tales críticas, así como la inmensa desigualdad de los recursos de que disponen y el efecto que tal desigualdad produce tanto en el acceso a una organización de medios de comunicación privada como en su funcionamiento y actuación.

Un modelo de propaganda pone el énfasis en esta desigualdad de riqueza y poder, así como en los efectos que ésta produce a diferentes niveles en los intereses y elecciones de los medios de comunicación de masas. Se ocupa también de trazar los vericuetos a través de los cuales el dinero y el poder tamizarán las noticias hasta dejarlas listas para su publicación, marginarán las discrepancias y permitirán que el gobierno y los intereses privados dominantes difundan un mensaje adecuado para el público. Los ingredientes esenciales de ese modelo propagandístico o conjunto de nuevos filtros se engloban en los siguientes epígrafes:

  1. La envergadura, la concentración de propiedad, la riqueza del propietario, y la orientación de los beneficios de las empresas dominantes en el ámbito de los medios de comunicación;
  2. La publicidad como fuente principal de ingresos de dichos medios;
  3. La dependencia de los medios de la información proporcionada por el gobierno, las empresas y los “expertos”, información, por lo demás, financiada y aprobada por esos proveedores principales y por otros agentes del poder;
  4. Las “contramedidas” y correctivos diversos como método de disciplinamiento a los medios de comunicación;
  5. El anticomunismo como religión nacional y mecanismo de control.Estos elementos interactúan y se refuerzan entre sí. La materia prima de las noticias debe pasar a través de sucesivos tamices, tras lo cual sólo queda el residuo “expurgado” y listo para publicar. Asimismo estos elementos determinan las premisas del discurso y su interpretación, la definición de lo que es periodístico y digno de publicarse, y exponen las bases y el funcionamiento de todo cuanto concierne a una campaña propagandística.

El dominio de los medios de comunicación por parte de la élite, y la marginación de la disidencia que se deriva de la actuación de los filtros que hemos mencionado, se realiza de una manera tan natural que la gente que trabaja en dichos medios, y que con frecuencia actúa con absoluta integridad y buena voluntad, son capaces de autoconvencerse de que eligen e interpretan las noticias de una manera “objetiva” y sobre la base de unos nuevos valores profesionales. De hecho, dentro de los límites que imponen los filtros que hemos señalado a menudo son objetivos, puesto que las constricciones tienen tanto poder y están integradas en el sistema de una manera tan circunstancial que cuesta imaginar unas bases alternativas a partir de las que realizar nuevas elecciones.

Se necesita una macrovisión, y también una microvisión (asunto por asunto), de las actuaciones de los medios de comunicación para percibir la pauta de manipulación y sesgo sistemático.



ABRE COMILLAS es una columna que recoge citas, transcripciones y fragmentos textuales en donde importantes actores reflexionan en torno a una producción cultural alternativa.

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