César Rengifo: Arte, historia y conciencia social

César Nereo Rengifo Cadenas fue pintor, ensayista, dramaturgo, entre otras cosas más. Cuando se cumplen 40 años de su muerte, recordamos algunas facetas de uno de los intelectuales venezolanos más polifacéticos del siglo XX.

Nacido en 1915 en Caracas, Rengifo perdió a sus padres muy joven y fue criado por José del Carmen Toledo, una figura cercana a la familia. Esta sería una gran influencia en su desarrollo precoz. Con apenas 15 años, César ingresó en la Academia de Bellas Artes de Caracas, donde estudió dibujo, pintura y escultura.

Recién graduado, pudo viajar a Chile y a México, donde tuvo contacto con algunos artistas que mucho lo influenciaron, entre ellos Diego Rivera. Al regresar a Caracas en 1938, inició una carrera prolífica a nivel de ensayos, periodismo, artes plásticas y literatura, reconocida en Venezuela y en el extranjero. Desempeñó funciones en diferentes escuelas e institutos, y fue fundador de la Escuela de Artes Plásticas de Mérida.

César Rengifo fue también un hombre de fuertes convicciones políticas quien mantuvo cercanía con el Partido Comunista de Venezuela toda su vida. Y esos ideales comunistas se reflejan en toda su obra, la cual, sin llegar a ser panfletaria, nunca se negó a reflejar las luchas sociales del pueblo.

Rengifo estuvo afectado por problemas de salud toda su vida, y falleció el 2 de noviembre de 1980, también en Caracas.

Realismo social

La pintura de César Rengifo se caracteriza por su intención de retratar la cotidianidad venezolana, las frustraciones y esperanzas del pueblo.

Los protagonistas de los cuadros suelen aparecer de espaldas, como invitando el espectador a ver su realidad. Rengifo pintó sobre muchos temas, pero es frecuente la presencia del fenómeno que transformó el país en la primera mitad del siglo: el descubrimiento del petróleo.

Tal como vendría a hacer en sus ensayos y piezas de teatro, el artista plasmó en sus cuadros las consecuencias de la explotación petrolera en el campo venezolano. Barriles de petróleo vacíos, perros desnutridos, escenarios desolados muestran la cara menos glamorosa del boom petrolero.

De igual modo, son varios los cuadros donde Rengifo muestra el éxodo rural que se vivió en Venezuela. Expulsadas por la exploración de crudo, o incapaces de sobrevivir en medio del latifundio, las familias campesinas fueron desarraigadas de sus tierras y forzadas a buscar su supervivencia en las ciudades.

El intelectual caraqueño se desempeñó también como muralista, principalmente en dos grandes obras. Una es el Mito de Amalivaca, un mural en mosaico ubicado en el Centro Simón Bolívar de Caracas que retrata la creación del mundo según la cosmovisión caribe. La otra, ubicada en el Paseo los Próceres, es el tríptico (también en mosaico) Creadores de la Nacionalidad, dedicado a la épica independentista.

Cultura y lucha

Más allá de describir la realidad del pueblo venezolano en sus obras plásticas, Rengifo reflexionó y escribió también sobre el rol de los artistas e intelectuales.

El boom petrolero y la cultura rentista acentuaron las desigualdades y crearon una burguesía parasitaria, con hábitos de consumo importados y una mirada hacia afuera. Y esa visión terminó reflejada en una generación de artistas que defendían “el arte por el arte”, la estética (importada también) como fin en sí mismo, y buscaban proyección en el extranjero.

César Rengifo fue muy crítico de esa perspectiva de un arte y una cultura desconectados de la realidad social del país. Por ejemplo, en La vida social venezolana y el arte, Rengifo escribió:

El arte expresa y refleja siempre la existencia, los pensamientos, las ideas, los sentimientos, los ideales y las luchas internas de la sociedad que los produce. […] El arte nos conduce, además, a desentrañar las profundas fuerzas sociales impulsándolas a crear y desarrollarse hacia planos cada vez más elevados.

El intelectual insistió también en analizar la evolución de la cultura nacional a la luz del modelo económico imperante. En particular, en La cuestión agraria y nuestro proceso cultural, explicó cómo el latifundio, aliado a la explotación petrolera, causaron un gran éxodo rural, y cómo este fenómeno puso un freno a expresiones culturales con raíces en la resistencia indígena y la lucha por la independencia.

Todo ese complejo de causas está contribuyendo a desintegrar, día a día, y en mayor proporción cada vez, al proceso cultural venezolano”, escribió en este ensayo. La contrapartida es la imposición de una cultura estandarizada que no le habla a las grandes mayorías y la importación de corrientes como el impresionismo y el abstraccionismo.

Pero el tono de Rengifo no es de resignación, y su mirada volvió a la tierra como cuestión central.

[…] Sin transformar nuestras fuentes de producción económicas mediante la suspensión radical del latifundio […] todo lo que se haga será por las ramas.” Luego de explicar las consecuencias de la erradicación del latifundio, Rengifo concluyó que en ese escenario “el costo de la vida descenderá y las masas de empleados y obreros tendrán más acceso a los medios de adquirir y producir cultura.

El pueblo cuenta su historia

Rengifo escribió en diferentes estilos, sin embargo es reconocido como dramaturgo, y en particular por sus obras de teatro histórico. Éstas se agrupan en cuatro grandes ciclos: la resistencia indígena, la lucha independentista, la Guerra Federal y la era petrolera en el siglo XX.

Si en el teatro de Shakespeare, Ricardo III o Henrique Tudor son personajes principales, no sucede lo mismo con Bolívar y Zamora en las piezas de Rengifo. Su rol histórico está presente, pero el protagonista es el pueblo de a pie. Los y las que hacen andar las ruedas de la historia, pero que en muy raras ocasiones la pueden contar.

Por ejemplo, Esa Espiga Sembrada en Carabobo es una cantata teatral en homenaje a la victoria decisiva en la gesta independentista. En la pieza, Rengifo invoca a una serie de figuras de las luchas emancipatorias venezolanas, como Guaicaipuro o el Negro Miguel, durante el entierro de un soldado anónimo caído en la Batalla de Carabobo.

De este modo, el dramaturgo pone las luchas en un mismo hilo, pero homenajeando a los y las que, sin nombre ni fama, dieron su vida por la patria. El Libertador aparece solamente al final, con una voz reafirmando que la “espiga sembrada en Carabobo” seguirá viva para siempre y llamando a que se siga sembrando sus semillas.

En el mismo sentido, la obra Un Tal Ezequiel Zamora, tiene lugar durante la Guerra Federal. Una familia humilde en Barinas intenta a cualquier costo aislarse de la lucha, por un lado para impedir que los hijos sean reclutados y por otro, por creer que es una mera disputa entre élites. Pero es inevitable que la guerra llegue a sus puertas, con sus efectos devastadores.

Al final, el padre reconoce que no hay alternativa a la lucha por la justicia y la dignidad, y termina con estas palabras:

Buscaremos la tropa del pueblo. ¡Nos iremos con ese Ezequiel Zamora! Tras su caballo se aclarará nuestro destino.”

Rengifo resistió también la tentación de dibujar un pueblo épico pero caricaturesco. En cambio, sus personajes son reales, con aspiraciones y miedos, con egoísmo y valentía. Pero queda siempre claro en qué sentido soplan los vientos de la historia, y de qué lado de la lucha (de clases) se ubica el propio Rengifo.

Del dramaturgo caraqueño queda un legado vastísimo en las más diversas áreas que no pierde vigencia. Desde su visión crítica sobre el rentismo petrolero a su afán por que el pueblo cuente su historia, pasando por sus debates sobre el rol del arte y la cultura, César Rengifo sigue siendo un ejemplo del intelectual y el artista, tan enraizado como comprometido con las luchas de su pueblo.

Investigación y redacción: Ricardo Vaz. Ilustraciones: Valentina Aguirre. Edición y corrección: América Rodríguez.

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